Diablos, mujeres y judíos: la otredad en los Milagros de Nuestra Señora

En las condiciones de producción medievales de los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo, Wilkins señala que los diablos, las mujeres y los judíos encarnaron una otredad que amenazaba la vida cristiana y el camino a la salvación (1999:13). A continuación comentaremos el tratamiento del diablo y la mujer en los milagros VIII y XV.

En todos los milagros podemos leer cómo el diablo constantemente echa sus redes para atrapar a los devotos de la Virgen y llevarlos por el mal camino, a quienes ella salva produciéndose así el milagro. El diablo es el archienemigo del cristianismo y toda fuente de maldad.

En el milagro VIII El romero de Santiago, el diablo hace uso de sus artimañas transfigurándose a sí mismo en Santiago para tender una trampa al romero convenciéndolo de cortarse “los miembros que facen el fornicio” (192b) para luego suicidarse haciéndole sacrificio a Dios con el cuerpo: “que de tu carne misma li farás sacrificio” (192d). El diablo protagoniza así la figura del eterno contrincante de los cristianos “El dïablo antigo siempre fo traïdor, / es de toda nemiga maestro sabidor”, se lo señala continuamente como “el falso” que semeja ser verdadero advirtiendo de esta forma una de sus maneras de engañar: “semeja a las vezes ángel del Criador” (187c), “transormóse el falso en ángel verdadero” (188a), “disso el falso Jácob” (192a); finalmente siempre será “diablo fino, de mal sosacador” (187d).

Podemos observar también, la construcción de la mujer como otredad ocupando un lugar marginal dentro de este milagro que encarna la “amiga” del romero de Santiago, con la que este “yogo” en lugar de permanecer en vigilia antes de emprender la romería, situación que desencadena el conflicto:

(185) Cuand a essir ovieron,      fizo una nemiga:

En logar de vigilia,      yogo con su amiga;

Non tomó penitencia,      como la ley prediga,

Metióse al camino      con su mala hortiga.

En el milagro XV leemos cómo la Virgen incita a un devoto suyo que se casa a dejar a su mujer “a mí non dessarás por con otra tener” (342c) y él cumpliendo con el mandato de la Virgen la abandona antes de consumar el matrimonio “ante que sí ningún solaz oviessen, / los brazos de la novia non tenién qué prisiessen” (347c, d). Es interesante notar que hay ninguna culpa en este marido por haber dejado a su esposa, y más aún esta acción es alabada: “Dessó mugier fermosa e muy grand posesión/ lo que farién bien pocos de los que oÿ son”, “qui por Dios tanto faze aya su bndición” (349).

En toda la obra leemos una confrontación del bien contra el mal, encarnados el primero en los devotos y la Virgen y el segundo en la construcción de la figura del otro: diablo, mujeres y judíos, de quienes los fieles deben cuidarse y estar atentos.

 

Bibliografía:

Berceo, Gonzalo De. Milagros de Nuestra Señora, Edición de Fernando Baños. Barcelona: Crítica, 1997.

Wilkins, Heanon M. (1999). <<El judío y el diablo como ‘otro’ en los Milagros de Nuestra Señora de Berceo>> en Actas de las VI Jornadas Internacionaes de Literatura Española Medieval.

Imagen: El cambista y su mujer. Marinus van Reymerswaele, s. XVI.

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