El orgullo prestado en la introducción a los Milagros de Nuestra Señora de Berceo

 

Frente a la poesía moderna en la que el yo tiene una carga de subjetividad, de individualidad, es “una meta” a la que conduce el lenguaje, Luis García Montero introduce la categoría de orgullo prestado para leer Los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo. Desde esta categoría se pude pensar al yo no ya como una meta, sino como un “punto de partida”: “desde el yo a la verdad del mundo” (2000:31).

Hacia el 1260, el clérigo del monasterio San Millán, Gonzalo de Berceo, se encarga de copiar una compilación de veinticinco milagros de la virgen María en dialecto castellano.

En el contexto del siglo XIII los sabios cristianos tienen el importante papel de guardar y transmitir la verdad absoluta. Los clérigos son los encargados de copiar, y de brindar la interpretación única de las escrituras. Esta tarea los llena de un orgullo, que nada tiene que ver con sus sentimientos individuales o su creatividad: ellos son siervos escogidos por Dios para esta encomendada labor.

De la misma manera, Gonzalo de Berceo, como maestro y clérigo, no se siente orgulloso de su estilo o de su propia escritura, sino de ser un ministro de Dios. Él es el que puede escribir bien, interpretar la escritura sagrada y transmitir el “buen aveniment” a los “amigos e vassallos” de Dios:

(1) Amigos e vassallos de Dios omnipotent,

Si vós me escuchássedes      por vuestro cosiment,

Querríavos contar      un buen aveniment;

Terrédeslo en cabo      por bueno verament.

Su orgullo es un orgullo prestado por la divinidad. Tal como lo explica García Montero “la sabiduría, la escritura, la perfección de la cuaderna vía, solo son motivo de orgullo cuando responden a la elección de Dios” (2000:32).

Berceo sigue con la tradición copiando los Milagros de Nuestra Señora  y añade una introducción con una historia simbólica protagonizada por el mismo “yo” del autor y narrador, captando la atención del auditorio

(2) Yo, maestro Gonçalvo de Verceo nomnado,

Yendo en romería      caecí en un prado,

Verde e bien sencido,     de flores bien poblado,

Logar cobdiciaduero      pora omne cansado.

Esta historia simbólica relata un prado “verde e bien sencido”, un “logar cobdiciaduero pora omne cansado” del cual rápidamente viene la aclaración del maestro:

(3) Semeja esti prado egual de Paraíso,

En qui Dios tan grand gracia,      tan grant bendición miso;

El que crió tal cosa      maestro fue anviso;

Omne que hí morasse      nunqua perdié el viso.

El prado lleno de “bondades” es una alegoría del huerto del edén y la enseñanza siguiente nos lleva al destierro del hombre del paraíso para luego mostrar el camino a la reconciliación, del regreso a ese prado divino mediante la Virgen, la mensajera de Dios encargada de redimir:

(19) En esta romería      avemos un buen prado,

en qui trova repaire      tot romeo cansado:

la Virgin glorïosa,      madre del buen Criado,

del cual otro ninguno      egual non fue trovado.

La alegoría atraviesa toda la introducción, cada comparación debe ser explicada para que el lector no interprete pues “el mundo es un mensaje que encierra una verdad superior” (García Montero 2000:36) que debe ser expuesta por los sabios: “Señores e amigos, lo que dicho avemos/ palabra es oscura, esponerla queremos” (16a,b). Para poder realizar esta labor de mensajería, debe ser guiado por la Virgen, quien es la intermediaria en el camino a la salvación: “la Gloriosa me guíe que lo pueda cumplir, / ca yo non me trevería en ello a venir” (45c,d). Los propios versos de Gonzalo de Berceo pertenecen a la Virgen, él se siente orgulloso de ser el elegido para ser el milagro de la escritura:

  (46)  Terrélo por miráculo      que lo faz la Gloriosa

si guiarme quisiere      a mí en esta cosa;

Madre, plena de gracia,      reïna poderosa,

tú me guías en ello,      ca eres pïadosa.

Tal como lo explica García Montero, Berceo debe convertirse en milagro para poder interpretar bien y contar los hechos de Nuestra Señora. Escribir es cumplir una misión, lo cual lo enorgullece por la confianza que la Virgen ha depositado en él.

 

Bibliografía citada:

Berceo, Gonzalo De. Milagros de Nuestra Señora, Edición de Fernando Baños. Barcelona: Crítica, 1997.

García Montero, Luis (2000). <<Gonzalo de Berceo y el orgullo prestado>> en Historia íntima de la poesía española. Madrid: Debate, 21-40.

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