Apuntes de “Una revolución conservadora en la edición” de Pierre Bourdieu

En “Una revolución conservadora en la edición” (1999), el sociólogo Pierre Bourdieu presenta una investigación realizada con editoriales francesas, que habían publicado entre 1995 y 1996, cuyo objetivo fue estudiar las prácticas editoriales desde una perspectiva sociológica. En este texto revisaremos los puntos principales de dicho trabajo.

Campo editorial

Bourdieu propone pensar la edición en términos de campo editorial. Esto implica entender que las prácticas de edición están sujetas a una estructura subyacente. En otras palabras, el proceso de selección de qué títulos se publican y cuáles no, qué textos y de qué lenguas se traducen y llegan a circular en un país extranjero, no se trata de una elección azarosa relacionada simplemente a los gustos del editor, sino que responde a ciertas leyes y lógicas del ámbito editorial.

El concepto de campo es central en la perspectiva bourdesiana para el análisis de las prácticas sociales. En trabajos anteriores, Bourdieu define a los campos sociales como “espacios de juego históricamente constituidos con sus instituciones específicas y leyes de funcionamiento propias” (Bourdieu, 1987:108). El campo editorial sería entonces un espacio de prácticas de edición, con cierta autonomía respecto de otros campos y, por lo tanto, con una lógica de juego propia y un capital específico que está en juego. Su calidad de “autónomo” está dada por su capacidad de retraducir, de acuerdo a una lógica propia, las fuerzas externas. En cuanto a aquello que se pone en juego en el campo editorial, Bourdieu explica que tiene que ver con el prestigio, el reconocimiento y la trascendencia, pero también, en tanto que el libro es un objeto de comercio, el capital económico. Se trataría de un “doble juego”:

Pero, otro principio de diferenciación, independiente del precedente, es la competencia específica, que es la condición de éxito o fracaso en la profesión: por el hecho de que el libro, objeto de doble faz, económica y simbólica, es a la vez mercancía y significación, el editor es también un personaje doble, que debe saber conciliar el arte y el dinero, el amor a la literatura y la búsqueda del beneficio. (Bourdieu, 1999: 242)

El campo se define también como un sistema de relaciones entre posiciones. Cada editorial ocupa, en un momento dado, una posición en el campo editorial que depende de su jerarquía en la distribución del capital en juego, el cual le confiere poder para su accionar sobre el campo. Su posición en la estructura del campo es la que orientará las tomas de posición de los responsables de cada editorial. En otras palabras, la posición en el campo coacciona y habilita márgenes de maniobra para las estrategias que juega cada editorial en cuanto a publicaciones de obras nacionales, extranjeras o títulos traducidos.

Para analizar la estructura del campo editorial, Bourdieu estudia 61 editoriales francesas – que publicaron entre julio de 1995 y 1996 – a partir de las siguientes variables: estatuto jurídico y financiero (la categoría de la empresa y su tamaño a partir del número de asalariados), lazos de dependencia financieros o comerciales con otros editores, peso en el mercado (índice medido con las listas de Best-sellers, haber editado un premio literario y la capacidad del editor para obtener ayudas ministeriales para publicaciones), capital simbólico (tomando como índice la antigüedad de la empresa, la localización, el prestigio del fondo editorial y el premio Nobel de Literatura) e importancia de la literatura extranjera (medido en el porcentaje de libros traducidos con relación al conjunto de títulos publicados y la lengua fuente).

La investigación evidenció que las editoriales más grandes y más antiguas dominan el mercado, ya que acumulan mayor capital financiero y un fuerte capital simbólico. Las editoriales más pequeñas y nuevas están poco provistas de capital económico, casi desposeídas de capital simbólico institucionalmente reconocido y no acceden nunca a las listas de best-sellers. Las editoriales que ocupan las posiciones intermedias son aquellas que poseen algunas de las propiedades que permiten acceder a las posiciones dominantes, como por ejemplo la participación en los jurados de los premios o la obtención de premios nacionales.

Las pequeñas editoriales pesan poco en el conjunto del juego del campo editorial. Sin embargo, le proporcionan su razón de ser y, por lo tanto, son uno de sus principios de transformación. Al ser pobres respecto de los capitales que están en juego en el campo, se ven más atados a sus normas. En ellas pesa la “virtud literaria”: al no poder publicar autores reconocidos por premios o que garanticen las ventas – dado que estos derechos son más costos de adquirir –, se abocan al descubrimiento de autores que coincidan con lo que esperan de la literatura. Estas editoriales suelen estar dirigidas por editores jóvenes y mujeres de origen social elevado. Se caracterizan por tener una fuerte cultura literaria, estar desprovistos de todas las instancias de evaluación y selección, estar ausentes de todos los juegos del gran comercio editorial (premios, recursos de publicidad, contactos con periodistas). Aunque destinan un gran lugar a la publicación de textos traducidos, publican mucho menos a autores de lengua inglesa que las editoriales grandes y medianas, dado que la compra de los derechos se les vuelve inaccesible. Bourdieu explica que estas editoriales “hacen de la necesidad virtud” ejerciendo sus talentos de descubridores con autores pequeños y de lenguas, que son más económicos para la compra y poseen calidad literaria (en el siguiente apartado nos detendremos sobre esta cuestión).

Las grandes editoriales suelen estar dirigidas por representantes herederos o técnicos formados en el trabajo. Bourdieu señala que, en general se trata de editores más comerciales. Suelen volcarse a la publicación de libros con ventas aseguradas (novelas sensacionalistas, “testimonios chocs”, novelas de kiosco, grandes best-sellers internacionales), dirigiéndose al público más vasto. Su compromiso con el comercio asemeja al de cualquier otra empresa: implementan estrategias de marketing, publicidad, bajo precio, etc. Desde el punto de vista de los agentes literarios “a la antigua”, estos editores carecen de la educación literaria, importante para la profesión.

Las editoriales medianas, por su parte, tienen un capital económico que predomina sobre su capital simbólico. Se oponen tanto a las grandes editoriales (con gran acumulación de ambos capitales) como a las pequeñas (desposeídas) por su estructura de capital disimétrica.

Otros agentes que Bourdieu resalta en el campo editorial son los críticos influyentes y las “personalidades”. Estos agentes, aunque no tengan un estatuto oficial – señala el autor –, intervienen en gran medida el funcionamiento del campo, a través de la influencia que ejercen sobre la circulación de los libros.

En cuanto al juego en el campo editorial y las estrategias adoptadas por los agentes, retomamos aquí la cuestión del “doble juego” que señalábamos anteriormente. Bourdieu explica que el juego en este campo tiene dos partes antagonistas: por un lado, “el amor puro del arte” y la búsqueda de la calidad literaria, y por otro “el amor mercenario del dinero”, en tanto que las editoriales, como toda empresa, deben buscar el beneficio económico que les permita la supervivencia: “El editor en su definición ideal debería ser, a la vez, un especulador inspirado, dispuesto a las estrategias más arriesgadas y un contador riguroso” (Bourdieu, 1999:234). En este escenario, ciertos editores intentan conciliar estrategias como la inversión a largo plazo en autores de larga duración, y el éxito comercial de producciones literarias de rotación rápida apostando a estrategias de marketing. Otra estrategia de las pequeñas editoriales es obtener ventaja a partir del control de un nicho, por ejemplo, la publicación especializada de traducciones de lenguas del Extremo Oriente, como es el caso de Philippe Piquer, señalado por Bourdieu.

La traducción en las prácticas editoriales

Como ya hemos adelantado, la traducción es una práctica que permite establecer un contrapunto entre las editoriales dentro del campo. En efecto, la traducción tiene diferentes funciones en pequeñas y grandes editoriales.

Los pequeños editores operan como descubridores que invierten su competencia cultural y lingüística en obras de vanguardia. Las grandes editoriales, por su parte, tienen la mayor acumulación de capital económico del campo y pueden permitirse la traducción de best-sellers internacionales que aseguren la venta. Para las grandes editoras las traducciones son una estrategia comercial.

En las pequeñas editoriales la publicación de literatura traducida se caracteriza por buscar el incremento del capital cultural. Acostumbran traducir literatura extranjera de lenguas periféricas (como el checo en Dobra Robota o el alemán en Eterna Cadencia) por cuestiones como el bajo costo de los derechos de autor y también por el apoyo de instituciones de estos países, que tienen interés en la divulgación y reconocimiento de su cultura. De este modo, estas pequeñas editoriales logran hacerse de un fondo editorial con poco capital económico y logran una relación de afinidad entre el editor subversivo, resistente al capitalismo, y los escritores originarios de minorías lingüísticas. Este trabajo se convierte en virtud, por difundir la cultura de una literatura reconocida como periférica y de autores con calidad literaria. Sin embargo, son conscientes de que están obligados a observar la literatura que emerge por no poder comprar autores reconocidos.

En suma, las prácticas de traducción evidencian la posición de la editorial en el campo. Las grandes editoriales con mayor acumulación de capital económico suelen traducir autores reconocidos, casi siempre del inglés. Las editoriales pequeñas se inclinan hacia el “amor puro del arte”, encontrando en la literatura de lenguas periféricas, o “exóticas”, un modo de innovación y resistencia contra la proliferación de la literatura comercial. Su estrategia es construir valor literario en su fondo editorial.

El enfoque sociológico de Bourdieu, permite evidenciar que las prácticas de selección y edición no son meras cuestiones en relación al “gusto” sino que responden a reglas subyacentes del campo editorial que las estructuran. Cada editorial despliega sus estrategias de acuerdo a la posición que tenga en el campo, la cual está en relación con los capitales en juego.

Referencias bibliográficas:

BOURDIEU, P. (1987). “L’intérêt du sociologue”, en Choses dites, 124-131.

BOURDIEU, P. (1999): “Una revolución conservadora en la edición” en Intelectuales, política y poder. Buenos Aires: Eudeba.

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